Científicamente se sabe que la Tierra ha sufrido 171 inversiones magnéticas en los últimos 76 millones de años, y existen síntomas que preceden a las inversiones de los polos magnéticos terrestres, como cambios abruptos de los patrones meteorológicos y un rápido debilitamiento del campo magnético planetario.

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En julio de 2004, en el New York Times apareció un artículo en el que se decía que el colapso del campo magnético de la Tierra, que protege al planeta, parece haber comenzado hace 150 años. No cabe duda, al menos en la mente de algunos científicos, que la inversión ha comenzado.

Se ha demostrado que en los lugares donde los campos magnéticos son más débiles, las personas tienen tendencia a generar cambios, mientras que en los lugares donde el magnetismo es muy alto –como en Rusia central, donde el magnetismo es de más de  150 gauss— la gente es muy conservadora, y tiene miedo a los cambios.

En este sentido, el hecho de que disminuya el campo magnético, nos prepara para adaptarnos al cambio y aceptar nuevas experiencias.

La disminución del campo magnético en nuestro planeta y su constante fluctuación ha obligado a las compañías aéreas a determinar específicamente cuál es el magnetismo medido en gauss en el momento de aterrizar, ya que estas fluctuaciones magnéticas pueden desestabilizar el avión, produciéndose la correspondiente catástrofe.

Un vuelco dimensional sucede cuando un planeta o cualquier cuerpo cósmico se mueve de un nivel dimensional a otro. En el caso de nuestro planeta, ocurre cada 13.000 años, y todas las personas que habitan en él experimentan la traslación dimensional.

Según Drunvalo Melchizedek y Gregg Braden, lo primero que ocurre antes del vuelco dimensional es que los campos geomagnéticos se debilitan, luego se hacen erráticos y la civilización se desmorona. La fase final dura entre 3 meses y 2 años, y en ella la civilización empieza a disolverse, los sistemas que la sostienen se desintegran y rige el caos. Luego hay un período de 5 o 6 horas antes de que comience el vuelco dimensional, en el que la 4ª dimensión se filtra en la 3ª. Luego el eje del planeta da un vuelco, es decir, que el polo magnético norte pasa a situarse como polo sur y viceversa.

Cuando se aproxima el vuelco dimensional, el campo magnético se vuelve loco, lo cual, como hemos dicho, ya está pasando, puesto que los aeropuertos tienen que corregir constantemente los cambios magnéticos para poder aterrizar. Los pájaros no están migrando a sus lugares habituales, porque las líneas magnéticas han cambiado dramáticamente.

La frecuencia Schumann –la frecuencia básica de resonancia del planeta– cambia antes del vuelco y, de hecho, ya está cambiando, aunque el gobierno de los Estados Unidos lo niega.

En la fase final el campo magnético, al colapsarse, hace que la gente enloquezca, ya que nuestro cerebro se sostiene gracias al magnetismo terrestre; cuando éste falla, perdemos nuestra memoria. Cuando la Atlántida se hundió, la gente perdió la memoria y se volvió loca.

No sabemos con certeza si se producirá el vuelco dimensional, aunque sí sabemos que se ha ido produciendo cada 13.000 años en nuestro planeta. Es un fenómeno cíclico hasta ahora, que provoca un cambio drástico.

Drunvalo Melchizedek y Omraam Mikhaël Aïvanhov afirman que el cambio dimensional provoca la muerte de aquellas personas que no están suficientemente evolucionadas, ya que se encuentran en etapas egoístas. Lo positivo del cambio es que, después de él, se prevé que la Tierra se habrá convertido en un planeta sagrado, en el que el altruismo –y no el egoísmo actual—serán preponderantes.

Patricia Cori y Rosanna Narducci, canalizadoras del Concilio de Sirio y de los distintos Cónclaves que se han sucedido el 11 de noviembre de 2011,2012 y 2013, señalan que en la Tierra seguirá evolucionando un 20 % de la humanidad,  y que el resto de seres humano seguirán evolucionando en alguno de los 80 planetas de la galaxia, planetas que se encuentran en fase de evolución egoísta.

Lo que no sabemos en este momento es la forma en que se producirá (o se está produciendo), esta drástica reducción para que nuestro planeta se convierta en un lugar sagrado.

Pero lo que sí sabemos es que la frecuencia fundamental de la Tierra, la frecuencia Schumann, que se había mantenido hasta ahora alrededor de 7.83 hercios o ciclos/segundo, ha aumentado últimamente, yendo desde 8.6 hasta 9.0. Como es sabido, la serie Fibonacci asciende de la siguiente forma: 1, 2, 3 (1+2), 5 (2+3), 8 (3+5), 13 (5+8), y así sucesivamente.

Pues bien, Gregg Braden afirma que la frecuencia Schumann, que está aumentando, cuando llegue al número mágico de 13, señalará el paso del planeta Tierra de la 3ª a la 4ª dimensión.

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